La deficiencia de vitamina D es un problema de salud mundial que afecta aproximadamente al 60% de la población mundial. Más allá de la salud ósea, esta deficiencia aumenta significativamente la susceptibilidad a enfermedades respiratorias como la COVID-19 y los resfriados comunes. El problema no es simplemente resfriarse; se trata de la eficacia con la que responde su sistema inmunológico.
El papel de la vitamina D en la inmunidad
La vitamina D es un “regulador importante” de la inmunidad tanto innata como adaptativa, lo que significa que influye en la rapidez y potencia con la que el cuerpo combate las infecciones. Los estudios muestran que los niveles bajos de vitamina D se correlacionan con mayores riesgos de resultados graves de COVID-19 y un 54% más de posibilidades de infección.
No se trata de que la vitamina D cause enfermedades; se trata del papel fundamental de la vitamina para permitir una respuesta inmune eficiente. Sin suficiente vitamina D, su cuerpo lucha por combatir las amenazas bacterianas y virales, particularmente durante los meses de invierno, cuando la exposición a la luz solar (una fuente natural de vitamina D) es limitada.
Impulsar las vacunas con vitamina D
Los niveles adecuados de vitamina D también mejoran la eficacia de la vacuna. Ya sea la vacuna contra el COVID-19, la gripe o el neumococo, un nivel suficiente de vitamina D “prepara” su sistema inmunológico para una respuesta más fuerte. Esto significa que su cuerpo está mejor preparado para montar una defensa eficaz si se expone al patógeno.
¿Por qué la deficiencia es tan común?
El estilo de vida moderno hace que la deficiencia de vitamina D sea casi inevitable para la mayoría de las personas. Nuestros antepasados pasaron más tiempo al aire libre, sintetizando naturalmente vitamina D a través de la exposición a la luz solar. Hoy en día, la vida en interiores, la ropa y el protector solar bloquean gran parte de esta producción natural.
Las fuentes de alimentos (pescado azul, leche, jugo de naranja) y la luz solar ocasional no son suficientes para mantener niveles óptimos para la mayoría de las personas. Los expertos recomiendan la suplementación como la solución más fiable.
Pruebas y suplementación
Si bien un análisis de sangre puede medir los niveles de vitamina D (en nanogramos por mililitro, ng/mL), muchos médicos no lo hacen de forma rutinaria a menos que exista una razón específica. Un nivel inferior a 15 ng/ml se considera deficiente, mientras que inferior a 30 ng/ml es insuficiente. La mayoría de los expertos recomiendan apuntar a niveles entre 40 y 60 ng/ml, y algunos sugieren que hasta 100 ng/ml es seguro.
Se recomienda ampliamente la suplementación, con dosis que oscilan entre 1000 y 5000 unidades internacionales (UI) diarias, según las necesidades individuales. Generalmente se prefiere la vitamina D3, aunque la D2 también es eficaz, especialmente para los veganos.
¿Quién está en riesgo?
Los adultos mayores y las personas con piel más oscura son particularmente vulnerables a la deficiencia debido a la reducción de la absorción de la luz solar. Sin embargo, dada la prevalencia de niveles bajos, se recomienda la suplementación para la mayoría de las personas.
En conclusión: La deficiencia de vitamina D es un problema de salud pública generalizado que afecta significativamente la función inmune. La suplementación es una forma práctica y rentable de mitigar este riesgo, particularmente en poblaciones con exposición limitada al sol. Consulte a su médico para determinar la dosis adecuada para sus necesidades.
