La historia de la salud mental bloquea el camino hacia la paternidad

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Las luchas documentadas desde hace mucho tiempo de una mujer contra una enfermedad mental grave y sus intentos de suicidio pasados llevaron a las agencias de adopción a rechazar su solicitud y la de su esposo, destacando las barreras sistémicas que enfrentan las personas con antecedentes psiquiátricos que buscan formar familias. La pareja, que deseaba permanecer en el anonimato, navegó por un sistema que, a pesar de los años de estabilidad y compromiso con el tratamiento de la mujer, la consideraba no apta para adoptar debido a sus hospitalizaciones pasadas y su medicación antipsicótica en curso.

La mujer, diagnosticada con trastorno esquizoafectivo, habló abiertamente de su historial de salud mental durante entrevistas con clínicas de psiquiatría perinatal, buscando orientación sobre planificación familiar. A pesar de que las estadísticas nacionales muestran que aproximadamente el 18% de los padres experimentan problemas de salud mental cada año, sus intentos pasados ​​de suicidio y sus episodios delirantes (incluido un período en el que creyó que había sido reclutada por la CIA) fueron señalados como descalificantes por las agencias de adopción.

El viaje de la pareja incluyó una planificación minuciosa: explorar el cuidado de crianza, la adopción doméstica de bebés e incluso asegurar compromisos de apoyo de la familia. La mujer había logrado estabilidad gracias a la medicación constante, la obtención de una maestría y el mantenimiento del empleo. Sin embargo, las agencias de adopción negaron sistemáticamente su solicitud, citando su historial psiquiátrico como un obstáculo insuperable.

Una trabajadora social le informó sin rodeos que ninguna agencia consideraría su caso debido a su historial de hospitalización. Esta experiencia subraya un problema más amplio: la atención médica reproductiva para mujeres con enfermedades mentales graves sigue sin abordarse, a pesar de que más del 13% de las mujeres embarazadas toman medicamentos psicotrópicos y un porcentaje significativo está expuesta a antipsicóticos atípicos.

La mujer y su marido finalmente decidieron renunciar a nuevos intentos de ser padres, reconociendo el costo para su salud mental. Ahora se centra en el bienestar, en encontrar satisfacción en su relación estable y en rescatar mascotas. Su historia plantea preguntas sobre el estigma social y los prejuicios sistémicos que impiden que las personas con antecedentes de salud mental accedan a opciones reproductivas.

La decisión de la pareja de priorizar el bienestar de la mujer sobre la paternidad sirve como un claro recordatorio: si bien los avances médicos permiten a muchos controlar sus afecciones, las barreras sociales siguen firmes. La experiencia destaca cómo el estigma profundamente arraigado afecta los derechos reproductivos y la necesidad de un mayor apoyo y comprensión para quienes navegan por la salud mental mientras buscan formar familias.